Shlaj Lejá

Un Shabat para asumir una misión

El Shabat previo al aniversario del Rebe de Lubavitch invita a la acción comunitaria. Recordarlo implica asumir la responsabilidad de iluminar el mundo mediante mitzvot y actos de bondad.
Rabi David Libersohn

"No te preguntes qué puede hacer el mundo por ti; pregúntate qué puedes hacer tú por el mundo."
-El Rabbi de Lubavitch-

Este Shabat es el que precede a la fecha 3 de Tamuz, el día de la hilulá del Rebe de Lubavitch, Menachem Mendel Schneerson. En este tiempo, el pueblo de Israel, no entra en un recuerdo distante, sino en una conciencia viva. El Rebe no pertenece únicamente al pasado; su enseñanza continúa presente, guiando, inspirando y marcando dirección.

El Shabat anterior a una fecha así nos sitúa en un estado de preparación. No miramos la fecha como un aniversario, sino como un momento que despierta responsabilidad. El Rebe enseña siempre que la memoria no es contemplación, sino continuidad. Recordar significa avanzar con mayor claridad en la misión.

En este presente que vivimos, su mensaje sigue actuando con fuerza: cada judío tiene una misión directa, concreta e irremplazable. No depende del lugar, ni de las circunstancias, ni del nivel de conocimiento. Cada persona ilumina su entorno con una mitzvá, con una palabra buena, con un gesto de ayuda, con una puerta abierta o con un acto de bondad que transforma la realidad de otro.

La comunidad de Barcelona vive este mensaje de forma diaria. Se construye a través de familias que participan, jóvenes que se acercan, personas que estudian Torá, que comparten Shabat, que fortalecen su identidad y que convierten la vida judía en algo vivo y presente. No es una teoría, es una práctica constante que crece en cada encuentro.

El Rebe enseña también que no preguntamos qué hace la comunidad por nosotros, sino qué hacemos nosotros por la comunidad y por el otro judío. En ese cambio de mirada se construye el futuro. Cada mitzvá tiene valor infinito en el momento presente. Cada acción positiva tiene efecto inmediato en el mundo.

Cada uno asume una decisión concreta. No se trata solo de recordar, sino de sumar. Una mitzvá más, un acto de tzedaká más, un momento de estudio más, un acercamiento más a otra persona. Todo comienza ahora.

Este Shabat el legado del Rebe no se contempla desde fuera, sino que se vive desde dentro. Y en ese vivirlo, su luz continúa expandiéndose a través de las personas, enlazadas unas con otras en una cadena viva e infinita, sostenida por los miles de emisarios que el Rebe envía a cada ciudad del mundo para encender un pequeño foco de bondad allí donde parece haber sombra.

Y, por encima de todo, permanece lo esencial: las propias personas, que nos retroiluminamos unos a otros, que iluminamos el camino del pueblo de Israel de manera constante, silenciosa y profunda. Una luz que no se apaga, porque no depende de un solo punto, sino de la unión de todos los puntos; una luz que no termina, porque cada alma encendida vuelve a encender otra, en una continuidad que no conoce final.

Shabat Shalom◾