Hay personas capaces de percibir realidades que permanecen ocultas a primera vista. Una de ellas fue el ingeniero metalúrgico judeopolaco Samuel Schwarz (Zgierz, 1880-Lisboa, 1953), cuyo trabajo permitió sacar a la luz una de las historias más singulares del judaísmo en la península ibérica.
La localidad portuguesa de Belmonte ocupa un lugar destacado en la historia de los judíos de la península gracias, precisamente, a Schwarz. En 1917 se trasladó a trabajar allí como ingeniero y pronto comenzó a sospechar que detrás de la aparente normalidad de la localidad se escondía una historia desconocida. Sus investigaciones le llevaron a descubrir que en la zona existía una comunidad secreta que había conservado durante siglos algunas costumbres judías, entre ellas el encendido de las velas los viernes por la noche y el ayuno una vez al año.
Durante su estancia en Belmonte, Schwarz conoció también a Baltasar Pereira de Sousa, supuestamente después de que alguien le advirtiera que no hiciera negocios con él porque "basta con que te diga que es judío". Intrigado por aquella referencia, Schwarz visitó a Sousa, quien le confirmó que tanto su familia como otros vecinos habían practicado el judaísmo en secreto durante generaciones.

"Inscripciones hebreas en Portugal"
Sousa terminó presentándole a la comunidad criptojudía de Belmonte. Al principio, sus miembros recibieron a Schwarz con desconfianza, debido al hermetismo con el que habían protegido sus tradiciones durante siglos. Sin embargo, el ingeniero consiguió ganarse su confianza cuando recitó la oración Shema Israel y demostró sus conocimientos sobre el judaísmo.
A partir de entonces, Schwarz estableció una estrecha relación con la comunidad y comenzó a estudiar y documentar sus costumbres sociales y religiosas, además de transcribir sus oraciones y manuscritos familiares. En 1923, después de abandonar su profesión de ingeniero, que le había llevado a viajar por buena parte de Europa, inició una nueva etapa como arqueólogo, etnógrafo e historiador. Ese mismo año publicó Inscrições hebraicas em Portugal ("Inscripciones hebreas en Portugal") en la revista portuguesa Arqueologia e História.
Las investigaciones realizadas en Belmonte y sus alrededores culminaron en 1925 con la publicación de su libro Os cristãos-novos em Portugal no século XX (Los nuevos cristianos en Portugal en el siglo XX), probablemente la primera obra dedicada a la comunidad criptojudía de la localidad. El libro contribuyó decisivamente a dar a conocer su existencia y posteriormente fue reeditado, tras la muerte de Schwarz, en portugués, hebreo y francés.

Sobre Belmonte, el estudioso Mario A. Dajisin escribiría:
"Enclavada en la Serra da Estrela, la mayor cadena montañosa del país, la villa de Belmonte se perfila a 2.000 metros de altura como una auténtica memoria humana viva del riquísimo y antiguo Portugal judío. El origen remoto de Belmonte está documentado por lo menos desde 1297 y subsiste aún hoy con unidad, sinagoga, rabino, cementerio propio y una dirección comunitaria. Su importancia se debe más a la peculiaridad de una resistencia a lo largo de los siglos que a su peso demográfico a través de su historia".
La práctica del judaísmo en secreto
Tras el decreto de expulsión de 1492, numerosos judíos procedentes de Castilla se asentaron en las zonas fronterizas de Portugal, confiando en que la decisión pudiera ser reversible. Sin embargo, el matrimonio celebrado en 1496 entre el rey Manuel I de Portugal y la infanta Isabel, hija de los Reyes Católicos, dio paso a un nuevo decreto que obligó a muchos de ellos a abandonar definitivamente la península.
Las escuelas talmúdicas y las sinagogas fueron cerradas, los cementerios quedaron abandonados y quienes decidieron permanecer en Portugal fueron obligados a convertirse bajo amenaza de expulsión. Durante siglos, los descendientes de judíos podían ser acusados de herejía a partir de indicios tan cotidianos como vestir ropa limpia los viernes o mantener encendida una lámpara hasta que se consumiera.

Pese a la persecución de la Inquisición, muchos de estos cristianos nuevos continuaron practicando su religión en secreto. En distintas zonas de Portugal sobrevivieron así tradiciones y costumbres judías transmitidas dentro de las familias durante generaciones.
En Belmonte, esa tradición consiguió mantenerse durante más de cuatro siglos. Como escribiría el periodista Pablo Revilla:
"Tras los decretos de expulsión, adoptaron una vida cristiana de cara al exterior mientras mantenían sus costumbres en secreto. Los niños eran bautizados, se celebraban matrimonios en la iglesia para exteriorizar la práctica de la religión católica y en el cementerio eran enterrados bajo el símbolo de la cruz para evitar las profanaciones, pero en la intimidad del hogar se custodiaba la tradición judaica. Se oraba. Muchas costumbres se fueron perdiendo con el paso del tiempo, pero mantuvieron algunas festividades como la Pascua, el Yom Kipur y el sabbat. Aunque todas ellas se habían alejado mucho de la estricta observancia judía, se conservaba la esencia de las mismas".
El renacer de una comunidad
Durante siglos, estas costumbres fueron transmitidas de padres a hijos, preservando una identidad religiosa que debía permanecer oculta. El descubrimiento de Schwarz permitió documentar por primera vez aquella tradición y convertir a Belmonte en uno de los casos más conocidos de supervivencia del criptojudaísmo en la península ibérica.

La comunidad judía de Belmonte constituye, en este sentido, un caso singular de continuidad de tradiciones judías en secreto durante más de 450 años.
La antigua judería se extendía por las calles Direita y Fonte da Rosa. Todavía hoy pueden observarse en los umbrales de algunas de las pequeñas casas de granito marcas grabadas en la piedra, consideradas testimonios materiales de la presencia de aquellos judíos que durante siglos tuvieron que ocultar su identidad.
En la actualidad, Belmonte mantiene una pequeña comunidad judía. La localidad cuenta con la sinagoga Bet Eliahu, construida sobre un promontorio en uno de los extremos de la villa, desde donde domina el valle. Diseñada por el arquitecto Neves Dias, fue consagrada en 1996. Junto a ella, el Museo Judaico de Belmonte contribuye a preservar y divulgar la memoria de la comunidad y de la presencia judía en la región.
La sinagoga y el mikvé continúan activos durante las festividades y los servicios de Shabat. En 2011 se inauguró además un cementerio judío que permanece en uso y es propiedad de la comunidad.
Según los datos facilitados por la propia comunidad, actualmente viven en Belmonte alrededor de 45 judíos practicantes, además de un rabino que presta asistencia regular a sus miembros.
Más de un siglo después de que Samuel Schwarz descubriera aquella comunidad que había permanecido oculta durante generaciones, Belmonte continúa siendo uno de los principales testimonios de la resistencia y supervivencia de la identidad judía en la península ibérica ▪️

