En la Embajada Argentina en Madrid se escenificó este lunes el relevo de la presidencia de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA), en un acto cargado de simbolismo que dejó un mensaje central: la lucha contra el antisemitismo atraviesa fronteras y generaciones. Con la presencia de diplomáticos europeos y representación de organizaciones judías, Argentina asumió formalmente un rol que, según sus representantes, excede lo protocolar y se inscribe en una batalla moral contemporánea.
"Tenemos la certeza de que el mal que golpeó a Israel el 7 de octubre de 2024 responde a la misma lógica que atacó a nuestro país hace más de tres décadas", afirmó el embajador argentino Wenceslao Bunge, trazando un paralelismo directo entre los atentados terroristas sufridos en Argentina en los años noventa y el ataque reciente contra Israel.
El encuentro, encabezado por Bunge y la encargada de negocios de la embajada de Israel en España, Dana Erlich, reunió también a la directora ejecutiva de la Federación de Comunidades Judías de España (FCJE), Carolina Aisen; al director del Centro Sefarad Israel, José Thovar; y al historiador David Benatar. La ceremonia, de una hora de duración, mantuvo un tono emotivo y de fuerte contenido político.
Bunge destacó que Argentina es "el primer país de nuestra región en ejercer esta función" y subrayó que la presidencia de la IHRA se asume "con profunda convicción, no como tarea protocolar o distinción simbólica". En su intervención, insistió en que la memoria del Holocausto no solo interpela al pasado, sino que constituye una herramienta activa para construir sociedades basadas en la dignidad, la libertad y el respeto.

El acto se enmarca en la reciente asunción de Argentina a la presidencia de la IHRA, concretada el 18 de marzo de 2026. Se trata de un hito histórico, al ser la primera vez que un país sudamericano lidera la organización. Bajo el lema "Expandiendo las fronteras de la memoria", la presidencia argentina buscará ampliar el alcance geográfico y conceptual del recuerdo del Holocausto, acercando la agenda a América Latina y fortaleciendo la educación y el acceso a archivos históricos, entre otros objetivos.
Memoria, terrorismo y responsabilidad
El diplomático remarcó además el contexto internacional actual, al advertir sobre "el resurgimiento del antisemitismo, el negacionismo y la distorsión histórica", y sostuvo que la experiencia argentina frente al terrorismo refuerza su compromiso en esta agenda. "La indiferencia es cómplice y el silencio permite la expansión del odio", señaló, al tiempo que reivindicó el rol histórico del país como refugio para sobrevivientes del Holocausto.

Entre las prioridades del mandato argentino, Bunge enumeró tres ejes centrales: educación, memoria ampliada y combate al antisemitismo. En ese sentido, mencionó la necesidad de fortalecer la enseñanza del Holocausto, dar visibilidad al genocidio del pueblo romaní y enfrentar todas las formas de odio. "No podemos repetir los errores de otros tiempos. Callar o mirar para otro lado nunca fue neutral", advirtió.
También subrayó la importancia de la cooperación internacional entre los Estados miembros, en un escenario que, según indicó, exige respuestas coordinadas frente a desafíos globales. La presidencia argentina buscará proyectar con más fuerza la agenda de la IHRA en América Latina.
El antisemitismo que se niega y persiste
La intervención Erlich aportó una mirada centrada en la realidad cotidiana del antisemitismo, especialmente en aquellos contextos donde se minimiza o se niega su existencia.
"El primer desafío de cualquier problema es admitir que existe", afirmó, antes de describir situaciones concretas que reflejan formas contemporáneas de discriminación: evitar mostrar símbolos judíos, ocultar la identidad o limitar la visibilidad pública. "Quizás es mejor que nos escondamos. Ese es el mensaje que estamos recibiendo", dijo.
Erlich celebró el compromiso argentino y advirtió que el fenómeno es global. "El antisemitismo está surgiendo de nuevo y lo vemos en todas partes de la sociedad", sostuvo, subrayando que no se trata de un problema aislado ni sectorial.
En esa línea, insistió en la dimensión colectiva del desafío: "No es una lucha solamente del pueblo judío, sino de toda nuestra sociedad". También destacó el valor simbólico de Argentina como país de acogida: "Saber que no estamos solos y que podemos contar con aliados es un mensaje importante", expresó.
Aisen reforzó esa idea al señalar, en nombre de la FCJE, que "la lucha contra el antisemitismo es responsabilidad de todos", insistiendo en la necesidad de avanzar en planes nacionales y políticas públicas concretas para abordar el problema.

Desafíos actuales y memoria en transformación
Por su parte, el director del Centro Sefarad Israel, delegado del Gobierno de España ante la IHRA, puso el foco en el rol estratégico de España y Argentina dentro de la organización como únicos países miembros del ámbito hispanoparlante. Según explicó, esto implica el desafío de ampliar la participación de otros países iberoamericanos.
Thovar también advirtió sobre un momento crítico en términos de memoria histórica. "Poco a poco los supervivientes van desapareciendo", señaló, subrayando la urgencia de documentar sus testimonios y reforzar la transmisión hacia las nuevas generaciones.
En ese contexto, afirmó que la IHRA "tiene más valor que nunca" frente al aumento del antisemitismo a nivel global, y reiteró el compromiso de España en esta materia, incluyendo el desarrollo de un plan nacional desde 2023.
España cuenta con un Plan de Lucha contra el Antisemitismo desde 2023, si bien organizaciones judías han advertido que, después del 7-O, requiere adaptaciones y financiación adecuadas. Así lo han constatado también recientemente las pruebas del proyecto NOA, que han revisado la ejecución del Plan.
Una generación que ya no quiere esconderse
El cierre del acto estuvo marcado por el testimonio de David Benatar, delegado de Antisemitismo de la Federación de Jóvenes Judíos de España (FEJJE) y quien aportó una perspectiva generacional y personal sobre el fenómeno. El historiador relató experiencias personales de antisemitismo en el ámbito universitario.
"Empezaron los insultos, comentarios condescendientes y me decían que no podía estar orgulloso de mi familia", recordó. Según explicó, estas situaciones lo llevaron a ocultar su identidad en determinados contextos: "No me mostraba abiertamente como judío para no tener que someterme a ciertos comentarios".
Benatar describió el impacto del 7 de octubre como un punto de inflexión para muchos jóvenes judíos. "Nos dimos cuenta de que teníamos que estar unidos", afirmó, destacando una renovada conexión con la identidad y la vida comunitaria.
Y es que en un contexto global marcado por el resurgimiento del antisemitismo, la ceremonia en Madrid dejó una idea transversal: la memoria no es solo recuerdo, sino acción frente a los desafíos del presente ▪
