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El rabino David Libersohn reivindica la identidad judía y la defensa de Israel en ‘La Contra’ de ‘La Vanguardia’

El rabino de la comunidad judía de Jabad Barcelona repasa su trayectoria, el significado del judaísmo jasídico, la esperanza mesiánica y su vínculo con Israel.
El rabino David Libersohn reivindica la identidad judía y la defensa de Israel en ‘La Contra’ de ‘La Vanguardia’
Actualizado el 25/8/2026, 17:01 hs.

El rabino David Libersohn, referente de Jabad Lubavitch en Barcelona, protagonizó el pasado viernes una entrevista en la sección La Contra de La Vanguardia, en la que abordó desde su identidad judía y su concepción del judaísmo jasídico hasta la situación de Israel y la esperanza en la llegada del Mesías. La conversación, firmada por el periodista Víctor-M. Amela, ofrece un retrato personal y religioso de uno de los rabinos con mayor presencia pública en la vida judía de Barcelona y España.

Libersohn, de 51 años, nació en Buenos Aires, pasó parte de su infancia y juventud en México y llegó a Israel a los 17 años. Hace 28 años se instaló en Barcelona, donde desarrolla su actividad como rabino de Jabad Lubavitch. En la entrevista recuerda que su vocación rabínica tiene una marcada continuidad familiar: su padre, abuelo y bisabuelo fueron rabinos.

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La tradición judía y la Barcelona medieval

Preguntado por el entrevistador qué significa para él ser judío jasídico, responde con una definición sencilla: "Servir a D. con alegría. Y amar al prójimo, al mundo". Para Libersohn, el judaísmo no se limita a una identidad religiosa, sino que constituye una tradición intelectual y espiritual profundamente vinculada con la historia de Occidente. "Estar en la raíz del mundo occidental y cristiano: Jesús era un judío", afirma al explicar qué significa para él ser judío.

Uno de los elementos que atraviesa la conversación es precisamente el vínculo histórico entre el judaísmo y España. La entrevista se desarrolla en la sinagoga de Libersohn, en el distrito barcelonés de Les Corts, y el rabino reivindica el papel de Sefarad en la historia del pensamiento judío. Recuerda a figuras como Salomón ben Adret, el célebre rabino barcelonés del siglo XIV, y destaca la tradición rabínica y cabalística desarrollada durante siglos en distintos puntos de la península.

También explica algunos aspectos de la práctica religiosa cotidiana. Habla de las normas kashrut, antes de detallar el papel de la supervisión rabínica en la preparación de determinados alimentos y bebidas.

Para Libersohn, las restricciones religiosas no son simples prohibiciones, sino mecanismos que han contribuido a preservar la identidad colectiva. Al ser preguntado por qué existen tantas normas, responde: "Es un esfuerzo que ha ayudado a mantener unido al pueblo judío".

Israel, autocrítica y esperanza mesiánica

La parte más política de la entrevista llega cuando Amela le pregunta directamente por Israel. Libersohn se define como "apolítico", pero no oculta su defensa del Estado judío. "Si tú has elegido vivir en Israel, como allí un hijo mío vive, ¡te obligas a defenderlo!", afirma.

Sin embargo, su defensa de Israel no excluye la autocrítica. Ante la pregunta de si defender al país implica necesariamente defender al Gobierno de turno, responde que la sociedad israelí debe ser capaz de cuestionar a sus dirigentes. "Seamos autocríticos. Debieran serlo igual los que critican mecánicamente a Israel", señala.

La entrevista, en formato pregunta respuesta, entra también en uno de los conceptos centrales de la fe judía: el Mesías. Libersohn diferencia la concepción cristiana de Jesús como Mesías de la esperanza mesiánica judía y recuerda que, para el judaísmo, esa llegada todavía está pendiente.

Preguntado por qué ocurrirá entonces, apunta al "fin de los tiempos" y al triunfo del conocimiento del bien. También aborda el debate dentro del propio judaísmo sobre la resurrección de los cuerpos, contraponiendo las interpretaciones de Nahmánides y Maimónides.

En el tramo final, Libersohn apela a la educación y al rechazo del odio cuando se le pregunta qué diría a una madre o a un niño de Gaza. "Aconsejo no odiar a nadie", responde. Su mensaje, en este punto, vuelve a conectar con la idea que había situado al comienzo de la conversación en el centro de su concepción del judaísmo: el amor al prójimo y la búsqueda del bien.

La entrevista deja así el retrato de un rabino que combina tradición, identidad judía, vínculo con Israel y vocación educativa, pero que también reivindica el diálogo y la discusión como elementos inherentes al judaísmo. Como resume el propio Libersohn cuando explica su manera de situarse ante el mundo: "Discutir es, en el judaísmo, parte consustancial de ser judío"