Yom HaAtzmaut

Independencia en tiempo presente

Yom HaAtzmaut recuerda que la independencia de Israel no es solo un hecho histórico, sino una tarea permanente frente a amenazas que aún buscan negar su existencia.

Yom HaAtzmaut recuerda el 14 de mayo de 1948, cuando David Ben-Gurión proclamó el Estado de Israel, horas antes del fin del Mandato Británico. Ese paso coronó décadas de sionismo político, construcción institucional y respaldo internacional, después de que la ONU aprobara en 1947 la Resolución 181, que proponía la partición del territorio en un Estado judío y otro árabe. El liderazgo judío aceptó esa base; el árabe la rechazó.

La independencia no nació en calma, sino bajo fuego. Estados Unidos reconoció al nuevo Estado el mismo día de su creación, y la guerra comenzó de inmediato. Por eso Yom HaAtzmaut nunca fue solo una fiesta nacional: desde su origen expresa algo más profundo, la recuperación de una capacidad histórica que el pueblo judío había perdido durante siglos, la de gobernarse, defenderse y hablar en nombre propio. La propia Declaración de Independencia enlazó esa soberanía moderna con la continuidad histórica del pueblo judío en su tierra.

Ese significado no quedó en 1948. Israel sigue enfrentando terrorismo, guerra regional y una amenaza teocrática que proclama abiertamente su objetivo de destruir al Estado judío. El frágil alto el fuego tras semanas de guerra no altera esa realidad: la independencia no es solo memoria, sino una tarea permanente.

Por eso, su himno, Hatikva, no suena como una reliquia, sino como una síntesis vigente: seguir defendiendo el derecho a "ser un pueblo libre en nuestra tierra, Eretz Sión, Yerushalaim". En 1948 significó nacer. Hoy sigue significando, existir◾