Ni triunfalismo absoluto ni apocalipsis inminente. Esa fue la idea que el analista y ex oficial israelí Alex Grinberg repitió una y otra vez durante una visita a Madrid, invitado por EIPA —el brazo mediático de la European Jewish Association (EJA). En una entrevista con Enfoque Judío y en una posterior conferencia de prensa, su mensaje central fue claro y contundente: Irán sigue siendo peligroso, pero ya no posee la misma capacidad estratégica que antes de la guerra.
"Irán no es un tigre de papel, pero es un tigre al que le arrancaron los colmillos y las garras", resumió Grinberg, al intentar describir el estado actual de la República Islámica tras los ataques israelíes y estadounidenses contra instalaciones militares y nucleares iraníes.
Lejos de los discursos maximalistas que dominan buena parte del debate político y mediático en Israel, el especialista insistió en que la guerra no debe analizarse en términos absolutos de victoria o derrota. Según explicó, el verdadero objetivo nunca fue provocar el colapso del régimen de los ayatolás, sino reducir drásticamente su capacidad de convertirse en una amenaza existencial para Israel y para la estabilidad regional.
Durante la conversación, Grinberg criticó la tendencia a presentar escenarios únicos y definitivos. "En Oriente Medio nada es completamente blanco o negro. El problema de mucha prensa israelí es que presenta una sola posibilidad como inevitable, y eso simplemente no es verdad", afirmó.
La degradación militar iraní y el límite de la guerra
Según el analista, el golpe sufrido por Irán fue mucho más profundo de lo que aparenta públicamente. La destrucción de infraestructuras estratégicas, la degradación de la Guardia Revolucionaria y la pérdida de capacidad logística dejaron al régimen en una situación extremadamente delicada, incluso aunque continúe en pie políticamente.

En la rueda de prensa ofrecida en Madrid, Grinberg describió la guerra como "la reestructuración geopolítica más importante en Oriente Medio desde 2003". A su juicio, el impacto real no debe medirse únicamente en daños visibles, sino en la imposibilidad práctica de Teherán para reconstruir rápidamente sus capacidades militares y nucleares.
"Construir una bomba atómica no es como comprar un teléfono nuevo", ironizó. "Se necesita una cadena compleja de recursos humanos, científicos, tecnológicos y financieros que hoy Irán simplemente no posee".
El experto sostuvo que el régimen enfrenta además una crisis interna de legitimidad agravada por la represión y el deterioro económico. Citó estimaciones iraníes que hablan de daños de cientos de miles de millones de dólares y explicó que incluso la maquinaria represiva consume recursos que Teherán ya no tiene disponibles.
En este contexto, relativizó las advertencias sobre una rápida recuperación iraní. "Claro que pueden decir mañana que van a reconstruir todo. La cuestión no es declararlo; la cuestión es cómo hacerlo", señaló.

Grinberg recordó además que la estructura militar iraní siempre fue débil en términos convencionales. Según explicó, la fortaleza de Teherán nunca estuvo en tanques, aviación o capacidad de despliegue clásico, sino en su red de misiles, proxies y guerra asimétrica.
Por eso considera especialmente significativa la degradación de Hezbollah y de los sistemas de suministro regionales. "Irán ya no puede abastecer físicamente a Hezbollah como antes, ni sostener del mismo modo a sus redes regionales", afirmó.
El régimen sobrevivió, pero perdió margen regional
Uno de los puntos más repetidos por Grinberg fue la diferencia entre supervivencia política y fortaleza estratégica. El hecho de que el régimen iraní continúe gobernando no significa —según él— que haya salido indemne.
"La caída del régimen nunca podía ser parte integral de un plan militar", insistió. A su juicio, cualquier intento serio de provocar un cambio de régimen habría requerido una ocupación extranjera de Irán, algo que ni Israel ni Estados Unidos estaban dispuestos a asumir tras las experiencias de Irak y Afganistán.

El analista incluso se mostró escéptico respecto a quienes imaginan levantamientos inmediatos dentro de Irán. Reconoció que existe un profundo desgaste social, pero advirtió contra las simplificaciones.
"Una cosa es que mucha gente odie al régimen y otra muy distinta que esté dispuesta a morir por derribarlo", explicó durante la entrevista. También señaló que buena parte de quienes aparecen como "apoyos" del sistema simplemente dependen económicamente de él.
Sin embargo, considera que el gran fracaso iraní fue regional. Según afirmó, Teherán comprobó que el llamado "eje de resistencia" tiene hoy menos cohesión y menos capacidad operativa de la que proclamaba.
En ese sentido, destacó la actitud de los países árabes durante la guerra. Ni Arabia Saudita, ni Egipto, ni Marruecos adoptaron posiciones de confrontación directa contra Israel o Estados Unidos, algo que interpreta como una demostración de las limitaciones políticas iraníes.
"El mundo árabe mostró su propia debilidad y también sus prioridades", sostuvo. "La mayoría de esos países quieren estabilidad, negocios y evitar incendios regionales mayores".
Grinberg también relativizó el impacto definitivo sobre los Acuerdos de Abraham. Aunque admitió que la guerra complicó el escenario regional, aseguró que los vínculos entre Israel y varios países árabes continúan vivos porque responden a intereses estratégicos más profundos.
Europa, energía y la conexión argelina
El especialista dedicó una parte importante de su análisis a Europa y particularmente a España. Allí conectó la crisis iraní con la dependencia energética europea y con el papel de Argelia como aliado regional de Teherán.
Según explicó, Argelia mantiene desde hace décadas una estrecha relación estratégica con Irán, incluyendo vínculos indirectos con el Frente Polisario y redes próximas a Hezbollah. Para Grinberg, la debilidad actual iraní limita parcialmente esa capacidad de influencia regional.
"Argelia puede seguir apoyando al Polisario, pero sin la misma facilidad para recibir drones, entrenamiento o asistencia iraní", afirmó.
El analista también advirtió sobre el uso político de la energía y de la inmigración irregular por parte de determinados regímenes regionales. En su visión, Europa atraviesa un momento especialmente vulnerable porque combina dependencia energética, polarización política y falta de estrategia común frente a Oriente Medio.
No obstante, descartó un escenario de colapso energético comparable al de la crisis petrolera de 1973. "Hay un aumento de precios, pero no una catástrofe irreversible", explicó.
Respecto al papel del Gobierno español, Grinberg consideró que el respaldo político de Pedro Sánchez a posiciones críticas con Israel tiene más impacto retórico que práctico. Aun así, vinculó parte del debate español sobre Oriente Medio con las redes ideológicas próximas al discurso antioccidental impulsado históricamente por la República Islámica.
"En Oriente Medio nunca hay un final definitivo"
Más allá de los análisis militares, la idea que atravesó toda la presentación de Grinberg fue la necesidad de abandonar lecturas binarias sobre la región.
"En Oriente Medio casi nunca existe un estado claro de guerra o de paz", afirmó durante la entrevista. Según explicó, la lógica europea de conflictos que terminan con acuerdos definitivos rara vez se aplica a la historia regional de Medio Oriente.
Por eso rechazó tanto los discursos catastrofistas como las celebraciones absolutas. A su entender, Israel consiguió debilitar severamente la amenaza estratégica iraní, pero no eliminarla por completo.
"Si uno espera un 100%, en Oriente Medio normalmente obtiene 40. Y aun así, ese 40 puede ser un logro enorme", resumió.
Esa visión pragmática se extendió también al debate interno israelí. El analista defendió la necesidad de actuar sin caer en ilusiones de soluciones permanentes. "No existen soluciones definitivas; existen problemas que se gestionan mejor o peor", dijo.
Antes de concluir su viaje a Madrid, Grinberg quiso dejar una última reflexión, diferenciando al régimen iraní de la sociedad persa. Recordó la riqueza histórica y cultural de Irán y sostuvo que la confrontación actual no es contra el pueblo iraní, sino contra un sistema político al que definió como "uno de los más represivos del mundo".
Y cerró con una frase que sintetizó el tono de toda su visita: "La guerra puede haber cambiado muchas cosas, pero nadie debería creer que Oriente Medio dejó de ser Oriente Medio" ▪
