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Todo igual, cinco décadas después

Gobiernos vienen y gobiernos se van. Unos líderes asumen y otros son remplazados. La tecnología supera todas nuestras expectativas y la Inteligencia Artificial solo es superada por la brutalidad natural de los seres humanos y sus comportamientos. Aunque ocurren muchos cambios que pudieran utilizarse para el bien, percibimos a veces que todo sigue igual en muchos aspectos.

Elías Farache

En octubre de 1973, en el día más sagrado del calendario judío, Yom Kipur, el Día del Perdón, los israelíes fueron atacados por los ejércitos de Egipto y Siria. El sorpresivo ataque no lo era tal, pues se esperaba de antemano algo así. Y las informaciones de inteligencia arrojaban que era muy significativo el movimiento de tropas de los atacantes en los días previos. Tampoco se puede aducir sorpresa cuando Egipto y Siria conformaban la llamada República Arabe Unida, y el reconocimiento del estado judío estaba negado y se vociferaba venganza desde antes de la creación de Israel.

Sorpresa fue que los israelíes hubiesen sido castigados con un golpe inicial tan certero y mortal. En unos veinte días, Israel se recuperó, se logró un cese al fuego y los derrotados clamaron una victoria que nunca obtuvieron. Pero el honor se había salvado, y se cimentó el camino de un futuro acuerdo de paz con Egipto seis años después.

La Guerra de Yom Kipur tuvo como causa la misma de los conflictos que hay con Israel hoy en día: La negativa a reconocer el derecho de los judíos a un estado independiente. No importa para nada si ese estado constituye una amenaza a la demografía de la región, cosa que resultaría graciosa de considerarse. No hay causa lógica que explique el enfrentamiento, y mucho menos el costo asociado a tal enfrentamiento. Un alto precio que pagan los israelíes, en vidas y zozobra. Un alto precio que pagan sus enemigos también en vidas, esfuerzos y pérdidas sin sentido.

En 1973, el mundo entero sufrió las consecuencias de esta guerra sin perdón cuando se desarrolló un boicot petrolero que produjo un alza de los precios del crudo y sus derivados. Una lección temprana de globalización que dejó saber a todos la estrecha interrelación de todos los eventos que ocurren en el planeta.

En pleno 2026, Irán no ha sabido ni querido negociar con el imperio del momento un acuerdo que hubiera podido evitar el conflicto que hoy vivimos. Como en 1973, antes y siempre, no hay explicación racional a la postura del coloso persa contra el estado de Israel. Sin fronteras comunes, alejados geográficamente, sin competencias comerciales que los enfrenten, la animadversión iraní a Israel no tiene asidero. El precio de esta controversia ha sido y es demasiado caro para Irán, para Israel y para el mundo.

Luego de casi tres largas y sufridas semanas, no se ve el fin de esta guerra que los americanos llaman "Furia Épica" y los israelíes "El Rugido del León". Destrucción y sinrazón. En la agenda de Irán no parece existir la eventualidad de la rendición y, por supuesto, los daños aumentan en todas partes. Las bajas, mayores en un lado que en otro, no dejan de ser bajas. Lo mismo ocurre con los daños, lo directos y los que reciben el antipático denominador de colaterales.

Como en 1973, el petróleo es un instrumento de presión y eventual negociación. El paso por el estrecho de Ormuz afecta a todas las economías. De nuevo, el mundo descubre y redescubre que nada de lo que ocurra en cualquier ubicación pasa inadvertido. Y una vez más, todos vivimos un problema que se basa en un odio sin sentido, en enfrentamientos estériles y posturas demostradamente equivocadas.

Israel vive de nuevo una guerra difícil. Como en el 2006, en 2009, en 2014, como en la larga guerra con Gaza que duró dos años y continúa en forma de baja intensidad, el frente de batalla lo constituyen los ciudadanos en sus casas, trabajos, colegios y lugares de circulación. Yendo y viniendo de refugios y cuartos seguros, debajo de puentes y con los teléfonos reventando de mensajes. Lo que Gaza ha sido para Israel lanzando cohetes con y sin puntería, es el Irán de hoy al Medio Oriente, al mundo quizás. La guerra que se desarrolla en el Medio Oriente, como de costumbre, termina afectando a todos.

Gobiernos vienen y se van. Líderes asumen y son remplazados. La tecnología supera todas nuestras expectativas. Vivimos en un mundo de comunicaciones ya inmediatas, con redes sociales que conectan a todos. La computación supera todo lo imaginado, y la Inteligencia artificial solo es superada por la brutalidad natural de los seres humanos y sus comportamientos. Aunque ocurren muchos cambios, que pudieran utilizarse para el bien, percibimos a veces que todo sigue igual en muchos aspectos.

Tantos avances, tantos cambios y todo igual ▪

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva de su autor
y no necesariamente reflejan la postura editorial de Enfoque Judío ni de sus editores.

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