La Unión Europea aspira a hablar con una sola voz sobre el conflicto israelí-palestino, pero la realidad dista mucho de ese objetivo. Las fisuras entre los Estados miembros, la influencia de organismos internacionales y la creciente polarización política hacen que una posición común sea, hoy, prácticamente imposible. Ese fue el diagnóstico central del panel "27 vs 27 – ¿Por qué es imposible ahora una posición común en la UE?", celebrado la semana pasada en Bruselas.
El debate tuvo lugar en el marco de una jornada de estudios organizada por la División de Prensa (EIPA) de la European Jewish Association (EJA). Moderado por Yossi Lempkowicz, asesor senior de Prensa de EIPA y editor jefe de European Jewish Press, reunió a la eurodiputada alemana Hildegard Bentele, al responsable de estrategia de UN Watch Daniel Radomski, al director ejecutivo de ELNET EU & NATO Matthijs Schussler y al periodista y editor de Enfoque Judío Elías Levy Benarroch.

"El mantra europeo"
Desde el inicio, la eurodiputada Hildegard Bentele puso en cuestión el mantra diplomático europeo. "La solución de dos Estados se repite una y otra vez, pero no es muy creativa", afirmó, al advertir sobre la brecha entre el discurso internacional y la realidad sobre el terreno. A su juicio, "la solución de dos Estados está hoy más lejos que nunca, pero la comunidad internacional finge lo contrario", incluso tras el reconocimiento del Estado palestino por algunos países. "No creo en milagros", añadió.
Bentele centró su intervención en Gaza y en la necesidad de medidas concretas sobre el terreno, más que en fórmulas retóricas. "Si hay una oportunidad de construir una Gaza pacífica, ese podría ser el nuevo núcleo de un futuro Estado palestino", sostuvo, recordando la retirada israelí de 2005 y lo que calificó como "una gran decepción" por el uso posterior del territorio como plataforma de ataques y túneles. La eurodiputada subrayó además las visiones enfrentadas entre la UE, que apuesta por la Autoridad Palestina en Gaza, y Estados Unidos e Israel, que buscan "nuevas estructuras civiles".

Naciones Unidas y el problema del "relato"
El foco se desplazó después a Ginebra. Daniel Radomski, de UN Watch, alertó sobre la influencia de los organismos de la ONU en la formulación de políticas europeas. "Si la UE externaliza su brújula moral a las instituciones internacionales de Ginebra, vamos por un camino muy peligroso", advirtió.
Radomski cuestionó el uso del concepto de Estado palestino en foros internacionales sin las responsabilidades que ello implicaría. "No puede existir un Estado real que al mismo tiempo mantenga el ‘derecho de retorno’ como eje central", afirmó, y calificó esa ambigüedad como "una falta de contexto moral". En su análisis, la ONU permite la coexistencia de "verdades propias", lo que facilita que "narrativas de propaganda de Hamás" sean transformadas en informes oficiales, amplificados por medios y ONG y asumidos como hechos.
"En la ONU puedes tener tus propias verdades", resumió, citando a la exsenadora estadounidense Dianne Feinstein para contraponer opinión y realidad. Radomski sostuvo que ese proceso tiene consecuencias más allá de Israel y afecta a la integridad moral de la propia UE.

La presión política en Bruselas y el clima de polarización
Desde la perspectiva del trabajo institucional, Matthijs Schussler describió un escenario crecientemente hostil para la defensa de las relaciones entre Europa e Israel. En la Comisión Europea, señaló, "hay compromiso y diálogo", pero grandes dificultades para traducirlos en acciones debido a la falta de consenso en el Consejo. En el Parlamento Europeo, en cambio, "la conversación no es profesional, es política".
Schussler alertó sobre una polarización extrema tras el 7 de octubre y sobre el uso de términos como "genocidio" o "hambruna" como consignas políticas. "Las palabras importan", subrayó, al diferenciar entre una situación humanitaria grave y acusaciones de genocidio. Denunció escenas de activismo dentro del propio Parlamento y señaló que ese clima "hace casi imposible un debate constructivo".
El directivo de ELNET también relató campañas de señalamiento contra organizaciones proisraelíes en Bruselas. "Nuestros rostros aparecieron durante semanas en carteles con acusaciones de ‘genocidio’, incluso con direcciones de nuestras oficinas", explicó, calificando estos episodios como "intimidantes" y advirtiendo sobre su impacto en las comunidades judías europeas.

España como caso de estudio
El panel abordó de forma específica el papel de España y la política del presidente Pedro Sánchez. El periodista Elías Levy describió al país como "uno de los casos de estudios más interesantes de Europa" en este momento. "Hay muy pocos judíos en España, una comunidad de unas 40.000 o 50.000 personas, divididos entre 16 ciudades, no puedes distinguir a un solo judío en las calles, y sin embargo el antisemitismo está institucionalizado", afirmó.
Según Levy, el fenómeno no puede explicarse solo por la guerra en Gaza. "Tiene que ver con la identidad del actual gobierno y de los partidos que integran la coalición", señaló, recordando que el reconocimiento del Estado palestino figuraba desde el inicio en el acuerdo de coalición alcanzado en octubre de 2023, apenas dos semanas después de la masacre de Hamás en Israel.
A su juicio, las constantes proclamas de los ministros del Gobierno contra Israel han conducido a una popularización del antisemitismo, visible en fiestas populares y actos públicos en todas las regiones y pueblos de España.
El periodista hispano-israelí insistió en distinguir entre el gobierno y la sociedad española. "No hablamos de todo el pueblo español, hablamos de la mitad del país", precisó. También comparó la situación con Irlanda, que calificó como "mucho peor" en términos de margen de interlocución. "En España todavía hay con quién hablar", dijo, recordando la amplitud de las relaciones culturales, deportivas y sociales con Israel y el próximo 40º aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas.
Levy vinculó además la política hacia Israel con factores internos, como la dependencia del Ejecutivo de partidos de extrema izquierda y la acumulación de escándalos de corrupción. Durante este último año y medio, dijo, "cada vez que estallaba un escándalo, la posición hacia Israel se endurecía", afirmó, y habló de una "anomalía" en la política exterior española tradicional que hasta ahora estaba centrada en un europeísmo a ultranza.

Reformas, sanciones y falta de coherencia
En la recta final, el debate volvió a la cuestión de la Autoridad Palestina, UNRWA y las sanciones. Bentele expresó su frustración por la falta de resultados tras "20 años de promesas de reforma". "Seguimos poniendo dinero sin comprobar si las reformas se implementan realmente", criticó, y reclamó estructuras libres de terrorismo como condición previa.
Radomski coincidió en que reformar el sistema humanitario es posible, pero "requiere un esfuerzo gigantesco y valentía política". Presentó un informe de UN Watch sobre la vinculación de personal educativo con Hamás y defendió la necesidad de "responsabilidad y rendición de cuentas" por parte de los grandes donantes.
Varios intercambios giraron en torno a las sanciones contra Israel, el uso político del término "genocidio" en resoluciones europeas y la construcción de un relato jurídico que, según se afirmó, "se infiltra en los textos legales aunque no tenga relación con el contenido". La eurodiputada Bentele sostuvo que "no se puede ser socio y al mismo tiempo amenazar con sanciones", y reclamó "pasar página" para centrarse en la reconstrucción de Gaza y la eliminación de Hamás del poder.
El panel concluyó sin consenso, pero con una certeza compartida: la UE sigue atrapada entre sus divisiones internas, la presión ideológica y la ausencia de una brújula moral común, mientras Israel opta cada vez más por relaciones bilaterales con Estados miembros concretos ▪
