En vísperas del 78° aniversario de la independencia, que se conmemora este miércoles, Israel supera los 10,2 millones de habitantes y consolida su centralidad demográfica en el mundo judío. Los datos oficiales muestran no solo crecimiento sostenido, sino también una sociedad marcadamente joven y, en su mayoría, satisfecha con su vida cotidiana.
Los datos de la Oficina Central de Estadísticas destacan que "más de 7 millones de los 15,8 millones de judíos del mundo viven en Israel, lo que representa aproximadamente el 45%". Este dato respalda el eje del informe: el peso demográfico del país como principal centro de la vida judía global.
Según el informe, publicado anualmente con motivo del Día de la Independencia, 7.790.000 residentes (76%) son judíos o pertenecen a otras categorías no árabes —como cristianos no árabes o personas sin clasificación religiosa—, mientras que 2.157.000 (21,1%) son árabes y unos 296.000 (2,9%) son trabajadores extranjeros. En el último año, la población creció en 146.000 personas, lo que representa un aumento del 1,4%. De ese total, la población israelí aumentó en 110.000 (1,1%), mientras que la población extranjera creció en aproximadamente 36.000.

El crecimiento también se explica por el movimiento natural y migratorio: durante el período analizado nacieron cerca de 177.000 bebés, llegaron unos 21.000 inmigrantes y fallecieron aproximadamente 48.000 personas. A esto se suma un saldo migratorio negativo de unos 45.000 israelíes que residen en el exterior, junto con la llegada de 5.000 personas en el marco de reunificación familiar. Estos números reflejan una dinámica poblacional compleja, donde el crecimiento natural sigue siendo un factor central.
Una sociedad joven en expansión
Desde la creación del Estado, cuando la población era de 806.000 habitantes, Israel multiplicó su tamaño por 12,5. Este crecimiento sostenido se combina con una característica distintiva: su juventud. El 27% de la población tiene entre 0 y 14 años, mientras que solo el 13% supera los 65 años. Se trata de una de las sociedades más jóvenes del mundo desarrollado, un dato que incide directamente en su economía, sistema educativo y proyección futura.

La inmigración continúa siendo un componente clave en la composición demográfica. Desde 1948, más de 3,5 millones de personas emigraron al país, de las cuales 1,68 millones (47,8%) llegaron a partir de 1990. Además, desde 1970 arribaron unos 158.000 ciudadanos inmigrantes. A la par, el informe destaca que el 81% de los judíos en Israel son "sabras", es decir, nacidos en el país, lo que evidencia un proceso de consolidación interna de la población.
En el plano global, los datos subrayan que de los 15,8 millones de judíos en el mundo, cerca de 7,79 millones residen en Israel. Esto posiciona al país como el principal núcleo demográfico judío del planeta, un cambio histórico si se considera la dispersión que caracterizó a esta población durante siglos.
A modo comparativo, otros entre 5,5 y 7 millones (según distintas estimaciones) viven en EEUU, la gran diáspora judía fuera de Israel.

Altos niveles de satisfacción y calidad de vida
Más allá de las cifras demográficas, el informe incluye indicadores sobre la percepción de bienestar de la población. El 91% de los israelíes se declara satisfecho o muy satisfecho con su vida. Asimismo, el país se ubica entre los diez primeros en el índice mundial de felicidad de las Naciones Unidas, ocupando el octavo lugar en 2026.
En otros aspectos, el 66% de los ciudadanos afirma estar satisfecho con su situación económica, mientras que el 83% evalúa su estado de salud como bueno o muy bueno. Uno de los indicadores más altos corresponde a las relaciones familiares: el 96% se muestra satisfecho o muy satisfecho con el vínculo con sus familiares. Estos niveles de satisfacción, en múltiples dimensiones, aportan contexto a las cifras duras del crecimiento poblacional.
En conjunto, los datos oficiales presentan una imagen de un país en expansión, con fuerte cohesión interna y un papel central en la vida judía mundial. A 78 años de su independencia, Israel no solo crece en número, sino también en relevancia demográfica y social.

Del racionamiento a una potencia tecnológica
En términos económicos, el crecimiento de Israel desde su fundación también refleja una transformación profunda. El Producto Interno Bruto (PIB) pasó de una economía incipiente en 1948 —estimada entre 0,2 y 0,5 billones de dólares— a una proyección de 719,85 billones de dólares en 2026, mientras que el PIB per cápita escaló de unos 5.000 dólares a cerca de 69.804 dólares por habitante, según datos del Banco de Israel (emisor).
"El crecimiento del PIB de Israel desde su fundación ha sido exponencial, transformándose de una economía de subsistencia en 1948 a una de las más avanzadas tecnológicamente en 2026", según proyecciones internacionales.
Este salto cuantitativo se apoya en una evolución estructural de la economía. Mientras que en sus primeros años el país dependía principalmente de la agricultura y la producción de cítricos, en la actualidad el sector servicios representa casi el 80% del PIB, con un peso determinante de la alta tecnología y los servicios financieros. El cambio de matriz productiva es uno de los ejes centrales del desarrollo económico israelí, consolidando su integración en los mercados globales.
De acuerdo con las proyecciones, la economía israelí mantendrá en 2026 un ritmo de crecimiento de entre el 3% y el 5,2%, tras una recuperación posterior a los conflictos recientes en Gaza, Irán y Líbano. Sin embargo, este crecimiento presenta matices: existe una brecha estimada del 3,7% del PIB respecto a las previsiones anteriores a la guerra. "El Banco de Israel proyecta un repunte significativo con tasas de crecimiento de hasta el 5,2% para 2026", aunque condicionado por el contexto regional y los efectos acumulados del titánico gasto en defensa estos últimos dos años y medio.

En el plano fiscal, el presupuesto estatal para 2026 se sitúa en aproximadamente 850.000 millones de shekels (unos 230.000 millones de dólares), con un déficit proyectado del 5,3% del PIB y una relación deuda-producto que alcanzaría el 70,5%. A su vez, el gasto en defensa asciende a unos 112.000 millones de shekels (alrededor de 30.000 millones de dólares), reflejando un incremento sostenido tras los conflictos recientes. Estos indicadores muestran una economía sólida, pero tensionada por exigencias presupuestarias crecientes, especialmente en materia de seguridad.
El mercado laboral también evidencia el impacto de este contexto. La tasa de desempleo ampliada se proyecta en torno al 4,5% para 2026, influida por la coyuntura bélica. Aun así, en perspectiva histórica, los datos reflejan un cambio estructural significativo: de una economía centralizada, con escasez de recursos y fuerte dependencia de ayuda externa en 1948, a un sistema de mercado desarrollado, con alta capacidad de innovación y presencia destacada en el ecosistema global de startups.
Según los datos citados, Israel se ubica entre los líderes mundiales en captación de inversiones tecnológicas, consolidando su perfil como una de las economías más dinámicas del escenario internacional ▪
